jueves, abril 05, 2007

Gerald Green. Choca esos 4,5.

Recuerda, tu sitio está allí. Tu momento va a llegar. Esto ha venido ocurriendo desde el instituto: siempre ha tenido que esperar, pero al final siempre ha terminado en lo más alto


Toma topicazo. Lo decía Rick Nelson, su entrenador personal. Y por el momento, la primera parte de la sentencia se está cumpliendo de forma escrupulosa.


En general, toda conversación que tiene a Gerald Green por protagonista está presidida por su propio tópico, un leitmotiv que añade un plus de valor sentimental a sus actuaciones. “¿Sabes que le falta un dedo?”. Es un redondeo al alza, pero tiene algo de verdad, sí. Tendría por aquel entonces unos ocho años. Jugaba en su casa, con una canasta colocada encima de una puerta y probando ese increíble salto vertical que con el paso del tiempo acabaría alcanzando 1.15 metros de altura (46 pulgadas según las malas lenguas). Se enganchó con uno de los clavos… y la parte más escabrosa seguramente pueda omitirse. Como resultado, los médicos se vieron obligados a amputarle las dos primeras falanges del dedo anular de su mano derecha. Algo más de la mitad.

No sería la única barrera que debería superar su gran pasión por el baloncesto. Su andadura comenzó en el instituto Dobie, en el que pasaría tres tormentosos años (y no precisamente porque la política del equipo impidiese llevar trenzas, algo que de por sí resulta un trauma para un chaval de su edad). En su temporada freshman acabó siendo cortado, mismo escenario que en su siguiente temporada, aunque con distinto final. Esta vez, el abandono de uno de sus compañeros le abrió la puerta del equipo. Allí pasaría un año más, pero no empezaría a hacer ruido hasta el cambio de colegio.

Aconsejado por Rick Nelson, formalizó su transfer a un colegio privado, la Gulf Shore Academy. Como un lavado de cara, decidió volver a empezar como junior para compensar el año perdido. Allí empezaron los rumores pero, ante su incredulidad, estos no hablaban de otra cosa sino de sus defectos. Incapaz de defender, de rebotear o de manejar el balón eran algunos de los piropos con los que le regalaban el oído. Fue entonces cuando aceptó la propuesta del entrenador Nelson para entrenar dos veces al día, a las 6 de la mañana y a las 6 de la tarde. Tiempo después lograba proclamarse MVP del prestigioso ABCD Camp.

¿Criti… qué?

Ir a la universidad era una meta, pero prefiero conseguir un sueño que alcanzar una meta

Así que poco importó la oferta de Oklahoma State que tenía sobre la mesa. O todo lo que significa la universidad más allá del apartado deportivo, como perfectamente explicaría Doc Rivers.

“No creo que ninguno de los que ha dado el salto desde el instituto debería haberlo hecho. Es cuestión de madurez. Pasar un par de años en la universidad te ayuda a crecer y a madurar. Dejar de un lado el baloncesto. Puedes convertirte en mejor jugador de baloncesto jugando contra Paul Pierce, sí, lo creo, pero hablamos de madurez. Se trata del hecho de que cualquier jugador que sale del instituto no sabe nada de la vida ni de nada”

Doc Rivers, orgulloso padre de Jeremiah Rivers, por entonces en su último año de instituto y actualmente base mediocre de la universidad de Georgetown. Por si a alguien le cupieron dudas de una doble dirección de la fecha. Con las quinielas del draft colocándote entre los 10 primeros y los cantos de sirena resonando en tu cabeza, cualquiera se preocupa de la madurez. Al final, esa cosa de la que todos los mayores hablan ha ido llegando a base de golpes. El primero, en la frente.

Me sentía a la deriva. Los Celtics me rescataron

La ceremonia del draft es el primer gran contacto con toda la parafernalia que rodea la NBA. Todo el Madison Square Garden para los rookies. Y de entre todos ellos, los de la Green Room, la sala que la NBA habilita para los 15 máximos candidatos a ser elegidos en la lotería.

Allí estaba Gerald Green, y allí pasó mucho tiempo, demasiado, esperando a que David Stern dijera su nombre. Ese habitáculo de esperanza se convirtió en una cárcel. Fue más Green Room que nunca. Hasta que con el 18 se puso fin al sufrimiento de una noche que el propio jugador describe como “Horrible. Me decepcionó caer hasta el 18. Pero después de hablar con Doc Rivers, me di cuenta de que había dado con una gran organización, en una franquicia que me quería"

Su paso por las ligas de verano fue más que discreto en cuanto a números, con apenas 8 puntos por partido, pero se las arregló para estar en boca de todos los aficionados una vez pudieron recuperarse del desgarre maxilar. Todo ocurrió en el primer partido de la liga. Los Clippers en frente y balón para los verdes. Gerald Green penetra por la izquierda, le sale al paso Mark Bortz, un pívot de 7 pies… ¿Recuerdas a Vince Carter y Frederic Weiss en las Olimpiadas? A punto de obrarse el milagro. Increíble.

Pero tras los highlights se escondía la verdadera realidad, la “frustrante”, como él mismo la definiría, realidad de un jugador que pasa de ser una estrella en el instituto a un calientabanquillo en la NBA. Iluso, como cualquiera a su edad (entre los que me incluyo). De los 19 primeros partidos de la temporada regular, 18 los pasó en la lista de inactivos.

"Desde que juego al baloncesto, siempre he tenido minutos. Aunque no juegue, es que tampoco me visto de corto. Me quedan 4 pasos por dar. Lo primero es vestirme de corto. Luego jugar. Luego ser titular. Y terminar intentando ser All-Star"

Quiero estar entre los mejores. Y me toca a mí dar los pasos

Por supuesto que no quería ni oír hablar de la D-League, pero una vez que habló con el cuerpo técnico, comenzó a darse cuenta de que aquello no era tan fácil como machacarla en el aro de su casa… No, aquello tampoco era fácil.


"No pretendemos draftear chavales de instituto para convertirlos en estrellas desde ya mismo. Con Green ocurre lo mismo. Queremos enseñarle a ser un profesional. Inculcarle una ética de trabajo. Quiere ser bueno, pero no sabe lo que significa todo eso, como todos los jugadores de instituto. Estamos muy contentos con él. La única forma de que perdiéramos la confianza en él sería que dejara de hacer su trabajo, si se contentara sólo con haber llegado a la liga. Pero él es justo lo contrario de todo eso" Danny Ainge.

Ante semejante tesitura, lo mejor era cambiar aquella frustración inicial por la motivación, la misma que le había ayudado a superar la terrible noche del draft.

“Mis objetivos para esta temporada no han cambiado. Quiero ayudar al equipo. Y si jugar en la D-League me va a ayudar a mejorar, estoy deseando hacerlo”

Eso es lo que Doc Rivers quiso oír desde un principio, lo que le gusta de la actitud de sus jugadores, lo que espera de ellos. Siempre hacia delante. Quejarse o abatirse nunca ha llevado a nada.

“Me encantan los jugadores que ponen a prueba al entrenador. Siempre le digo ‘Cuando te ponga en la lista de inactivos, confío en que demuestres que es el peor error que he cometido nunca’. Odio a los jugadores que dicen ‘Todavía me falta un año’. ¿Cómo lo saben? No quiero que diga ‘Todavía no soy lo suficientemente bueno’. Quiero que diga ‘Soy bueno. Estoy preparado. Voy a seguir luchando y demostrándoselo al entrenador’”

Determinación, al fin y al cabo. Lo dijo el mismo que vivió como entrenador de Orlando la explosión de McGrady. Pese a tener problemas dentro de la cancha, fuera de ella parece que Doc Rivers sí sabe cómo lidiar con los jóvenes. Al menos, el final de la temporada de un equipo en horas bajas acaba teniendo sus cosas buenas: 13 puntos por noche en los últimos 10 encuentros.

No todo el mundo que salte desde el instituto va a ser un Dwight Howard. A veces tienes que esperar a que llegue tu momento

Lo decía Kendrick Perkins, que además de ser también texano, comparte con Gerald Green el ostracismo de una primera temporada como adolescente de instituto. Algo sufrió y algo sabe sobre cómo llegar a su situación actual.

El verano de un rookie tras su primer año es de todo menos placentero. Quizá por ello, antes de empezar las duras sesiones de trabajo, decidió hacer una escapada a París con Doris, su novia. Finalizado el tiempo de charana, tocaba trabajar en el tiro y el manejo de balón. Lo hizo en su Houston natal, con el ex-NBA John Lucas y junto a jugadores de la talla de Sam Cassell y TJ Ford. Más vale solidificar lo que se tiene que seguir construyendo sobre terreno farragoso.

Y es que una de las peores cosas que pueden sucederte es que el entrenador te necesite y no estés preparado. Otra de las enseñanzas que ha adquirido por el camino. De repente, se encontró de lleno con la lesión de los dos capos del equipo, Wally Szczerbiak (bueno, con la temporada que se ha marcado, lo de capo igual suena pretencioso), y Paul Pierce que, a parte de amasar gran parte del juego ofensivo del equipo, juegan en su posición. Situación pues inmejorable para salir a flote. ¿La aprovechó?

Durante todo este tramo de temporada en el que los Celtics se han visto acuciados por las lesiones, se ha podido ver a un Gerald Green más decidido, con incluso mayor desparpajo con el balón del que acostumbraba, pero su participación en el juego del equipo sigue dejando que desear, su defensa crea dudas y su acierto en el tiro, salvo en un espectacular mes de febrero, ha dejado que desear. Se ha reafirmado como un buen anotador, pero por el momento no ha dado muestras de nada más. Su mayor cometido en el campo es ése y su participación en el resto es testimonial. Compartir puesto con uno de los mejores (y más inteligentes) exteriores de la liga debía tener su lado negativo.

En el concurso de mates, homenaje a Dee Brown incluido (el ex-Celtic, que el de los Jazz bastante tendrá con seguir en la liga el año que viene), tuvo su primer gran contacto con el estrellato. Sin embargo, tocará esperar para que ese contacto sea por cuestiones meramente deportivas.

2 comentarios:

true wolf dijo...

Increíble historia de superación. A saber si esta, como muchas otras, se quedará en anécdota solo para los que le vimos jugar o pasará a la historia. Talento lo tiene, y tendrá tiempo de demostrar su valía en estos Celtics.

A ver si escribimos más a menudo ;)

perry manso dijo...

Hola, Michigan. Descubro por casualidad este tu blog y me sorprende agradablemente. Quién diría que poniendo en la barra de Google "declaraciones de Pau Gasol" saldría tu post de 24 de enero.

¿Eres el que descubrió a Jade Willmott? Vaya scoop.

En fin, te agrego a favoritos con un cierto margen de confianza, supeditado a que te prodigues más si los estudios lo permiten.

Buen día y buenos play offs