sábado, octubre 22, 2005

Tiempos dificiles

Tiempos dificiles en la NBA. Cuando crees que lo peor que podía ocurrir en la competición es la lesión de un futuro dominador, la vida te demuestra que siempre se puede ir a peor. Y ni mucho menos esa terrible noticia es la retirada de Allan Houston (gran pérdida), ni el arresto de Tony Allen por cómplice de asesinato (acto deleznable donde los haya) sino por el adiós de Jason Collier, que falleció el pasado 15 de octubre a la temprana edad de 28 años. Anda el mar revuelto en la NBA por temas tan banales como la indumentaria , pero momentos como éste merecen un mínimo de consideración. Curiosa la forma de jugar que tiene la vida: se hallaba ante una buena oportunidad este año de hacerse un hueco, se presentaba un gran año... Hay momentos en que cuesta escribir.

Allan Houston. Despedir a un Knick

Hablando de microroturas... casualidades de la vida, la semana pasada tuvo lugar la retirada más esperada de la historia reciente de la NBA: Allan Houston abandona las pistas. Y no porque a los ojos de más de uno sobrara (bueno, igual para alguno sí), sino porque las lesiones así lo llevaban anunciando desde hace meses. Incluso las malas lenguas habían bautizado a la Amnistía del nuevo convenio como "Ley Allan Houston". La víctima acabó siendo Jerome Williams (días después también retirado), para asombro de los aficionados y escarmiento de la prensa. El apartado económico (para dejarlo cuanto antes zanjado) resulta favorable para los de Wall Street: los 40 millones en dos años que quedaban por cobrar, correrán a cargo del seguro en su mayor parte, mientras que por lo que atañe al tope salarial, el sueldo dejará de contar a partir del próximo 19 de enero, fecha en que se cumple un año de su último partido con el equipo.

La figura lastimosa que se arrastraba por las sombras las enfermerías de la NBA poco o nada tenía que ver con el gran anotador que años antes deslumbraba a la luz de las canchas. Uno de los jugadores emblemáticos de la historia de los Knicks (y ya es historia) se despide, y lo hace sin sus Nike puestas. Postergado en la Injury List. Después de 12 años como profesional (los 9 últimos en la Gran Manzana), pone punto y final con 34 años a una de las carreras más prolíficas desde más allá de los 7.30 m. Un jugador respetado por todos sus compañeros que será recordado por un infalible tiro en suspensión.

"Mi carrera como jugador de la NBA y miembro de la franquicia de los Knicks, aún a mi pesar, ha terminado" dijo Allan. "Durante los dos últimos años he hecho todo lo que ha estado en mi mano para volver a la cancha pero mi rodilla no me lo ha permitido. Aunque estoy muy triste por no poder volver a vestir la camiseta de los Knicks, siento que hago lo mejor tanto para los intereses de la franquicia como para los de mi familia". Desde luego que ha hecho todo lo posible por volver hasta el último momento, nadie lo pone en duda. Aún siendo un imposible, decidió probarse en los Training Camp de este año. Pero no había pasado aún una semana cuando el fantasma de los dolores volvía a sobrevolar sus rodillas. No, otra vez más no. No voy a pasar otro año más así. Y la decisión fue tajante: adiós. Su vuelta no pudo hacerse realidad.

"Espero que todos los fans puedan darse cuenta del honor que siento por haberlos representado en el Madison Square Garden durante todos estos años. Desde que llegué aquí en 1996, ha sido toda una bedición estar rodeado de los grandes: Patrick Ewing, Charles Oakley, John Starks, Larry Johnson, Charlie Ward... por nombrar algunos. Puedo decir sin miedo a equivocarme que cada noche dimos el 100% por nuestros aficionados. Agradezco a la organización de los Knicks y a sus aficionados todo este apoyo que me han dado, gracias por haberme hecho pasar algunos de los momentos más memorables de mi vida. Siempre seré un Knick, siempre seré neoyorkino". Así se despedía de todos nosotros Allan Houston. Un adiós que calará hondo entre los aficionados Knickerbockers. Como él.

Tony Allen. Il Padrino

No todo es como parece. Eso es obvio. Pero con mayor frecuencia de la deseable, el mundo de la NBA se ve salpicado de episodios extradeportivos en los que a sus jugadores se les va la mano. Pistoleros como Rodney White y Gilbert Arenas, Carmelo Anthony y la marihuana (que resultó que era de un amigo. Sí, sí, claro, lo típico), Shaq y sus peleas... En este caso, el turno ha sido para el escolta de los Baby Celtics Tony Allen, que fue recientemente detenido por un escabroso asunto con disparos de por medio. Al parecer, todo ocurrió durante la fiesta de bienvenida en honor a Will Bynum celebrada en Chicago (de donde son ambos jugadores): tras una acalorada discusión con un amigo de Willy, el sophomore se abalanzó sobre el agredido, rompiéndole el pómulo. Incluso hasta ahí, la noticia puede parecer en cierto grado normal. Un calentón lo tienen cualquiera y peleas así se ven todos los días. Lo que no entra en ninguna cabeza humana es que, tras esto, ordene a un amigo que dispare al herido. 2 disparos, que afortunadamente no acabaron con su vida, pero que le pueden costar caros a Tony. La pasada semana, pasó una noche en la cárcel y aún se busca al autor de los disparos.

¿A qué juega? ¿Qué pretendía? ¿Qué pudo llevarlo a ordenar aquello? Cuando eres una persona de dominio público se exige un mínimo de responsabilidad por representar a una institución como lo son los Celtics y todos sus fans. Un mínimo de cordura para saber que quizá hay niños que tienen como un ídolo, y que ponen toda su atención a cada paso que das. Inteligencia, al fin y al cabo, para saber que nadie puede decidir sobre la vida de otra persona. Ahora, se enfrenta a una condena de entre 2 y 5 años, siempre y cuando, claro está, no aparezcan las lagunas legales que le permitan salir airoso de semejante actuación. En fin, utilicemos el principio de presunción de inocencia y dejemos el caso en el aire. Pensemos, por un momento y hasta que se demuestre lo contrario, que es sólo un malentendido.

Jason Collier. Sueño eterno.

Hay noticias que uno nunca querría poner en el blog, sucesos que todos esperamos jamás ocurrieran, pero esto es la vida. Todos estamos expuestos a ello. Y esta vez le tocó a Jason Collier, que el viernes, tras un duro entrenamiento, se fur a dormir y jamás pudo despertar. Se dice fácil, pero es complicado de digerir, pero al fin y al cabo, debajo de esa apariencia de fuerza e invulnerabilidad, se esconden personas. Un jugador jóven que ve cómo un problema de corazón se lo lleva repentinamente por delante, sin previo aviso.

Sin embargo, la noticia ya no resulta tan novedosa para el aficionado medio de la NBA: otros como Stromile Swift o Eddy Curry, que apenas llegan aún a los 25 años, o Fred Hoiberg (ya tirado), que pasa de los 30 pero no deja de estar en la plenitud de la vida, también han tenido que parar el ritmo a causa de problemas similares. Siempre salen a la palestra las posibles sustancias que los jugadores pueden o no tomar para convertirse en fenómenos de la naturaleza, que detrás de ese físico hay mucha pastilla o simplemente un problema crónico no detectado por los servicios médicos, incluso los Atlanta Hawks están pidiendo ahora los resultados de la autopsia (por preocupación propia, no vayamos a pensar que se interesan por él)... pero no, momentos tan trágicos como éste se merecen un respeto. No hay que hablar del jugador, hay que hablar de la persona, de un hombre trabajador, gran amigo de sus amigos y padre de familia. Un hombre que, a buen seguro, ha dejado huella en todos aquellos quienes tuvieron oportunidad de conocerle. Proyectos, ilusiones, esperanzas... muchas cosas acabaron en ese sueño del que nunca despertó.

Jason Jeffrie Collier, descanse en paz.


1 comentario:

hg dijo...

Joder, casi me haces llorar. En serio, me encanta como escribes, tienes un don para esto