Los Bobcats quieren ir en serio. Tras un año plagado de lesiones, se han dejado de experimentos con Sam Vincent y se han puesto en manos de Larry Brown. Un entrenador de categoría con el que pretenden dejar de ser “el equipo de expansión” para ser de una vez por todas una franquicia más en la liga.
LA EXPERIENCIA ES UN GRADO
Si Charlotte tiene mucho que demostrar este año, no menos debe hacerlo su entrenador. Larry Brown pecó de valentía tratando de sacar algo de provecho de la Gran Manzana en el momento equivocado. Como era de esperar, salió de allí escaldado.
Regresa ahora con cuentas pendientes, con la necesidad de demostrar a sus años que aún conserva el toque ganador que devolvió a los Pistons a la gloria y que llevó a Philadelphia hasta las puertas de ella.
En vista de los precedentes, si hay algo claro es que los Bobcats defenderán con todo, saldrán a morder y trabajarán como nunca. El plan de choque promete ser uno de los grandes atractivos del comienzo de temporada, junto a las apuestas por ver quién será el primer jugador de la plantilla en visitar la enfermería, víctima de la maldición que parece sufrir el equipo.
Porque, lejos del entrenador, las grandes novedades de cara al nuevo curso baloncestístico son nombres que ya eran conocidos en el Estado de Carolina del Norte (en algún caso nunca mejor dicho). La carrera de Sean May sigue tristemente marcada por las lesiones, mientras que Adam Morrison se perdió todo el año por culpa de una lesión en pretemporada.
El video de su rodilla sucumbiendo a un ‘dribbling’ de ¡Luke Walton! Dio la vuelta al mundo de la canasta.
Si de hablar de caras nuevas se trata, la principal incorporación es la de DJ Augustin, uno de los bases que más atención acaparaban de cara al draft. Un base de gran poder ofensivo y no exento de talento a la hora de distribuir el balón, heredero de las riendas de Texas tras la marcha de Kevin Durant.
Su elección, sin embargo, resultó sorprendente, puesto que ya contaban con un base joven y de calidad como Raymond Felton.
Con la otra primera ronda de que disponían, seleccionaron a un jugador muy verde, Alex Ajinca, en contraposición a lo que venían haciendo durante sus primeros años de historia. Un pívot europeo con mínima experiencia, la historia de siempre. Al parecer, sus buenos ‘workouts’ le sirvieron para ser elegido.
En esta última semana, trataron de hacerse con los servicios de Carl Landry, pero los Rockets no tardaron en igualar la oferta. Hacen bien en preocuparse por su juego interior, porque no van precisamente sobrados de hombres en la pintura.

CON LA ÚNICA DUDA DEL PÍVOT
Salvo movimientos de última hora, el quinteto de Charlotte lucirá de la misma forma que lo hiciera en la segunda mitad de la pasada temporada. La única variación sería la hipotética entrada de otro ‘cuatro’ en la formación, desplazando a Nazr Mohammed al banquillo.
A pesar de la elección de DJ Augustin, no hay razones para pensar que Felton pueda perder su titularidad en el equipo. Un hombre seguro en ataque, activo en defensa y capacitado para ser el mejor anotador tras los dos aleros. El último año pasó más tiempo del acostumbrado en la posición de escolta, pero en caso de no volver a aparecer lesiones de por medio, es improbable que la situación vuelva a repetirse.
En las alas, como ya hemos dicho, reside la gran mayoría potencial anotador de este equipo. Un gran desequilibrio que a la vista de la plantilla, no tendrá solución este año.
Jason Richardson aprovechó como nadie su estancia en un equipo de tan bajo perfil para reivindicarse como el gran anotador que era. Tras una última temporada decepcionante (aunque los problemas físicos también tuvieron algo que ver) en los Warriors, J-Rich volvió a sentirse una estrella, con la muñeca afilada y anotando mejor que nunca desde posiciones exteriores, algo que supo agradecer un equipo que andaba falto de buenos tiradores.
Porque Gerald Wallace es también un gran anotador, pero su porcentaje de puntos conseguidos dentro de la pintura debe andar al mismo nivel que los de un pívot, gracias a su excelente capacidad para llegar a la canasta contraria. Se mostró más suelto desde fuera que en otras ocasiones, pero no por ello más acertado. Sin embargo, sigue siendo el jugador más completo de esta plantilla.
La gran noticia del año en la franquicia tuvo que ser la salud de Emeka Okafor. Acostumbrado a sufrir constantes problemas de espalda, poder disputar por primera vez los 82 partidos de liga regular es un alivio… y no sólo para el jugador. Con un juego interior tan pobre, gran parte de las opciones del equipo para no salir vapuleados en la pintura descansan sobre sus hombres.
De ahí las urgencias por conseguirle un compañero fiable. De momento, deberán conformarse con Nazr Mohammed, todo un especialista en producir grandes números en equipos pequeños. Lo hizo en New York y aquello le valió un contrato con los San Antonio Spurs. Acostumbrados a acertar, los de Popovich no tardaron en darse cuenta de que aquella no era la solución a su eterno dilema de la pareja de Duncan, aunque por el camino el bueno de Nazr salió con un anillo.
UN BANQUILLO POBRE… HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO
Sobre el papel, los Bobcats presentan uno de los banquillos más endebles de la competición (rivalizando con Atlanta). La vuelta en buena forma de algunos de sus jugadores se presenta como la clave para librarse de ese cartel honorífico.
Como único recambio de Felton se presenta DJ Augustin, un base sobre el que se tienen muchas esperanzas de futuro. Por el momento, lo único seguro es que no se ajusta al perfil de Brown, puesto que su gran punto débil se presenta en la defensa. Por el contrario, en ataque es donde hace gala de sus principales armas para hacer ruido en la liga, con un buen tiro y una no desdeñable capacidad de penetración, herramientas a las que suma una visión de juego aceptable.
Como sustituto de Richardson se presenta una de las grandes decepciones del draft de 2006, Adam Morrison. La ‘nueva esperanza blanca’ se ha quedado por el momento en un jugador con un buen tiro y una cabeza muy bien amueblada. Nada de florituras, ni un potencial anotador sobresaliente que puedan justificar los elogios que recibió antes de dar el salto a la NBA. Tiene mucho que demostrar… y quizá no se encuentre en la mejor situación para hacerlo.
Como alero suplente parte Jared Dudley, probablemente lo más parecido que hay a un defensor exterior en todo el banquillo. Para hacerse una idea de la situación por la que atraviesan. Llegado el momento, puede actuar como comodín, pasando a jugar de ala-pívot y dejando su puesto al siempre presente Matt Carroll.
Sin hacer mucho ruido, Carroll se sitúa como un jugador fiable, el segundo mejor tirador del equipo. Poco amigo de crearse sus propios tiros, pero efectivo cuando se trata de rematar la jugada.
Ese intercambio de cromos vendría provocado precisamente por la falta de efectivos en el juego interior, donde Sean May es el único jugador en el que poder confiar. Cuando ha estado sano, ha demostrado su sobrada clase en ataque, haciendo valer también su cuerpo para asegurar el rebote en defensa. Sin embargo, sus constantes problemas físicos le están impidiendo disfrutar de lo que podría ser una carrera más que aceptable.
En su ausencia, sólo quedan como alternativas Jermareo Davidson y Alex Ajinca, dos jugadores sin apenas rodaje que no ofrecen soluciones para una situación tan alarmante como la de los jugadores interiores de Charlotte.
PRONÓSTICO.
Pongamos que todos se mantienen sanos. Pongamos que las lesiones apenas al afectado al rendimiento de Adam Morrison y Sean May. Pongamos que la elección de DJ Augustin se demuestra como un acierto. En ese caso, formarán parte del grueso de equipos que luchen por hacerse con las últimas plazas que den acceso a la postemporada.
El juego interior es demasiado escaso como para concederles más oportunidades. Quizá debieran sacrificar a uno de tantos exteriores para conseguir más ayuda en la pintura y consolidar sus opciones de aparecer a finales de abril vestidos de corto.
No siempre ocurre. Ya lo sabían los Lakers de antes. No todos los equipos construidos para ganar un anillo lo consiguen. No siempre que se reúne un grupo de veteranos insignes en busca del anillo lo consigue. Contaban con esa presión, pero aquello no era nada comparado con la urgencia histórica con la que llegaba la franquicia más laureada de todos los tiempos.
22 años después, la NBA volvió a teñirse de verde.
JAMES POSEY O UNOS DORITOS
La actualidad del equipo en el último mes aparece dominada por Darius Miles, que podría convertirse (como a hemos venido diciendo) en el primer jugador de la historia en volver a vestirse de corto después de haberle sido diagnosticada por la liga una lesión que había acabado con su carrera.
Doritos en mano o no, antes de completar su regreso deberá superar la pretemporada con el equipo. En caso de conseguirlo, tendrá que cumplir la famosa sanción de 10 partidos por consumo de Fentermina antes de participar en partido oficial con el equipo.
Pero, si la memoria no nos traiciona, la noticia de mayor alcance en el verano céltico es sin duda la marcha de James Posey. Con la carrera de ‘Big Shot’ Horry en la nevera, MVPosey va camino de convertirse en el sucesor de ese ‘mojo’ que atrae anillos hacia sí. Tras lo visto en Boston, volverá a poner a prueba sus poderes en New Orleans.
Pero la prueba más fehaciente de su alcance y de su repercusión en un equipo campeón la veremos en los propios Celtics. Los de Doc Rivers se enfrentan a la difícil tarea de sustituir a su hombre más importante de banquillo, a un pilar defensivo veterano y que ejercía a las mil maravillas el papel de primer recambio para Ray Allen y Paul Pierce.
En esa dirección va la adquisición de Miles, pero por si el experimento resultara fallido, también han apostado fuerte para cubrirse las espaldas. JR Giddens y Bill Walker son, sobre el papel, unos de los candidatos a posible robo del sorteo universitario. Sin embargo, presentan también sus riesgos, ya sea en forma de problemas físicos o extradeportivos.
No menos arriesgada se presenta la apuesta para el sustituto de PJ Brown, ya retirado. Tras el ‘casting’ de jugadores interiores, el elegido fue Patrick O’Bryant, uno de los Top10 más inoperantes de los últimos años, y uno de tantos pívots que consigue llevar a un GM al huerto con la promesa de un 7 pies sólido y con futuro. El talento a veces hace mucho daño. Aunque su talento no fuera el deportivo, sino el físico.
Llegados a este punto, uno se pregunta si los Celtics no habrán arriesgado demasiado en su búsqueda de soluciones. Como hemos defendido aquí mismo, ser el vigente campeón te permite tomarte ciertas licencias a la hora de contratar refuerzos, pero cuando son tantos y afectan a una parte importante del banquillo, a uno le da por pensar si no hubiera sido mejor volver a apostar por la carta del veterano.
En enero podríamos tener respuestas.
TODOS CONJURADOS BAJO EL GRITO DE ‘UBUNTU’
Tras la extraordinaria temporada protagonizada, y con el objetivo principal conseguido, pocos cambios se presentan en el quinteto titular.
En el puesto de base continúa un consolidado Rajon Rondo, que en sólo su segundo año como profesional se asentó como titular indiscutible del equipo campeón. Y no sólo por el nivel cuanto menos cuestionable de Sam Cassell (quería iniciar su carrera como técnico, pero regresa recién renovado), sino por méritos propios, por confirmarse como uno de los mejores bases defensivos de la liga.
En su año como novato y a dejó detalles de gran jugador de equipo, pero como ‘sophomore’ no se ha dejado avasallar por el enorme reto que tenía ante sí. La pega sigue estando en el apartado anotador, donde sus buenas condiciones como penetrador se ven empañadas por un tiro que no llega a ser aceptable. Al menos no es algo que necesite el equipo.
Quién sí levantó ciertas dudas con su rendimiento fue Ray Allen, irregular y lejos del anotador implacable al que estábamos acostumbrados. Intercaló actuaciones mediocres con destellos de jugador decisivo en los minutos finales, culminando la temporada con una sobresaliente actuación en el último partido de la final, que resultó ser un paseo marcial. No debe ser sencillo pasar de ser todo un jugador franquicia a tercero en discordia, pero más complicado es negar que estamos ante la cuesta abajo de otro miembro del club ‘hilo de seda’.
El que no ha sufrido con el cambio es Paul Pierce, que cada año va haciendo su figura más “redonda”, pero sigue siendo igual de bueno que siempre. Comparte galones de líder espiritual de un equipo campeón y ha sabido llevarlos como la ocasión merecía. Su dorsal ‘34’ tiene ya un sitio reservado en el techo del Garden, y su actuación en las Finales otro en la memoria de los aficionados… a pesar de la pantomima de la bicicleta.
Detalles teatrales innecesarios, aunque pronto quedaron sepultados por el estado de gracia de un jugador que parecía querer saldar cuentas pendientes con el aro.
El otro gran pilar espiritual ha sido Kevin Garnett. Si alguna vez hubo dudas (me incluyo dentro del grupo de herejes) de su capacidad de liderazgo, todas ellas quedaron disipadas de un plumazo. Fue el primero en salir a partirse la cara (hola, Pachulia) en defensa y rayó al nivel acostumbrado en ataque.
A un comienzo sobrenatural le siguió un año de compromiso con el equipo que tuvo la recompensa del Jugador Defensivo del Año para él, y del Trofeo Larry O’Brien para todos. Agradeció bajar un nivel el pistón. Que tome nota para este año…
Completa el “quinteto de carrerilla” Kendrick Perkins, el niño que se hizo mayor. Parece que fue ayer cuando ‘Perk’ no era más que un pívot entrado en kilos al que costaba coordinar una pierna detrás de la otra para echar a correr. Nunca optará a un Nobel, pero la falta de efectivos grises la suple con oficio bajo el aro, convirtiéndose en un escollo muy molesto para los pívots rivales. Llegará con el tiempo justo al comienzo de temporada tras operarse este verano del hombro.
UN BANQUILLO QUE GENERA DUDAS
Los recambios de Rondo son los únicos que permanecen inmutables. Sam Cassell renovó ayer y, tras una temporada muy por debajo del nivel que venía demostrando, tiene ante sí la oportunidad de redimirse. De no funcionar, ahí continúa Eddie House, que también prolongó este verano su compromiso con los Celtics. Su estilo es radicalmente opuesto al de Rondo, aunque a estas alturas de la película más que aun microondas se parece al viejo horno de la abuela, que algunas noches necesita Dios y ayuda para calentarse.
La renovación de 'Sam I Am' deja en el limbo la continuidad de Gabe Pruitt, casi inédito en su única temporada en la liga.
También se presenta muy abierta la lucha en el puesto de escolta, donde Tony Allen deberá competir con JR Giddens. Se trata de dos jugadores muy físicos que, llegado el momento, podrían echar una mano en la anotación de la segunda unidad. El de Oklahoma State, por experiencia e intensidad defensiva, debería partir con ventaja.
Pero la gran incógnita reside en la posición de alero suplente, paradójicamente la más segura del equipo durante la temporada pasada. A estas alturas resulta ingenuo especular con lo que podría aportar Darius Miles, cuya incorporación en el mejor de los casos no tendría lugar hasta finales de noviembre. El problema es que la otra alternativa, Bill Walter, no presenta un físico mucho más fiable, aunque dicen los entendidos que atesoraba un gran talento en su etapa de instituto.
De surgir imprevistos, Giddens podría ocupar el hueco, pero no habría que descartar la posibilidad de que Danny Ainge volviera a echar mano de un veterano una vez comenzada la liga regular. Como ya comentamos en su día, Bonzi Wells sigue sin equipo y podría resultar de gran ayuda para los verdes. Porque de la carta de Scalabrine mejor no hablamos.
Por último, una rotación interior que respira juventud. Por un lado, Glen Davis, un ala-pívot fornido con más clase de la que nos anticipa su apariencia, con instinto para el ataque y que ya vivió su particular noche de gloria frente a los Pistons. Por otro lado, Leon Powe, más tosco en sus maneras, más físico y más entregado, e igualmente efectivo.
Completa el trío Patrick O’Bryant, el hombre incógnita, el siete pies con dos remos por brazos al que la calidad siempre le fue esquiva. Más le vale contagiarse de la agresividad del equipo, porque de la seguridad de PJ Brown a su pasividad va un gran trecho.
PRONÓSTICO
Obvia decir que afrontan la temporada como grandes candidatos al anillo, pero existen factores que no convendría olvidar.
Quizá el más importante: la tensión. No es lo mismo afrontar un año con la presión de conseguir el anillo con un gran proyecto y tras 22 años de sequía, que seguir deseándolo cuando ya lo han conseguido. Esta es un arma de doble filo. Pueden caer en la relajación y estar por debajo del nivel esperado o puede quitarles un gran peso de encima y permitirles jugar con más libertad.
El otro, el banquillo. De tener un banquillo con jugadores veteranos y fiables, han pasado a tener un banquillo repleto de incógnitas a excepción de un par de valores seguros. De cómo respondan las novedades dependerá también gran parte del éxito.