lunes, abril 09, 2007

Fire Frank. Lanza la piedra y esconde la mano.


Esto de Internet da lugar a la aparición de las más variopintas iniciativas. Una de las más curiosas es la iniciada por un grupo de aficionados de los Nets que, hartos de la escasez de mayores resultados, han iniciado una especie de moderno Muro de las Lamentaciones sobre el que verter toda su desgracia. Sin embargo, los preceptos cristianos no funcionan al completo y pese a no estar libres de pecado, todos tirar su particular piedra.

El lapidado, como siempre, el entrenador. Lawrence Frank. ¿Hasta qué punto el doble trasatlántico de Wayne Rooney es culpable?
Cierto es que compartir división con Boston, New York y Philadelphia supone una invitación a entrar en los Playoff como “cabeza de serie”. Pero de la misma forma que han tomado conciencia del mal momento por el que pasan sus compañeros de división (salvo los extranjeros Raptors), deberían haber tomado conciencia de los problemas por los que ha atravesado su equipo.

Es inevitable hacer referencia a la morfología de una plantilla que aparece construida sobre 3 grandes pilares exteriores, mal acompañados por una comparsa en la que el que no está lesionado es joven y de entre los que no responden a ninguno de estos dos mandamientos, apenas hay alguno (la defensa de Jason Collins y la intensidad de Mikki Moore) del que pueda sacarse algo.

Quizá cuando Nenad Krstic cayó lesionado para toda la temporada, alguien tendría que haberse ocupado de acortar los horizontes de una plantilla que, pese a la escasa profundidad, en el Este habría hecho mucho más ruido. Quizá cuando Richard Jefferson comenzó a tener problemas en su tobillo por una mala caída (se ha perdido 30 partidos, recaída incluida), alguien tuvo que avisar de que la sorpresiva "explosión" de Bostjan Nachbar no sería suficiente para mantener el tipo. Quizá, y sólo quizá, los propios aficionados deberían haberse dado cuenta de que con un juego interior en el que el jugador más talentoso en ataque se llama Mikki Moore, las aspiraciones son mucho más cortas.

Al menos, es de recibo reconocer las amargas quejas que apuntan directamente a las exóticas rotaciones de Lawrence Frank como una de las causas del bajo rendimiento del equipo. Y es que raros son los jugadores de banquillo que han recibido minutos de forma regular a lo largo de la temporada. Bostjan Nachbar, Hassan Adams y Antoine Wright han ido viendo cómo su puesto en las rotaciones del equipo variaba de la noche a la mañana sin que las causas que sustentaran el cambio hayan sido descifradas. En el juego interior, y pese las enormes limitaciones, ha preferido utilizar por sistema aleros en el puesto de ala-pívot, jugando de esta forma con cuatro abiertos sin haber en la plantilla ningún tirador consistente. Josh Boone, cuyo entendimiento con Jason Kidd y su compañero de universidad, Marcus Williams, ha resaltado durante las últimas semanas (pese a ser otro jugador limitado en ataque), vio una vez recuperado de su operación de hombro que el hueco para él en la rotación era mínimo.

Otro de los aspectos en los que el entrenador nativo de New Jersey ha resultado "demoledor" este año, ha sido en la habilidad para rematar los partidos. Y es que si los partidos sólo tuvieran 3 cuartos, probablemente los Nets lucirían mejor récord.

Hasta en 13 ocasiones, los Nets han tirado en el último cuarto el trabajo realizado hasta el momento.

En los partidos decididos por 3 o menos puntos, presentan un balance de 3-8.

De las 7 ocasiones en las que los Nets se han jugado la última canasta del partido, tan sólo en dos fueron capaces de convertir el lanzamiento.

Ante semejante tesitura, comienzan a salir a la palestra nombres como los de Rick Adelman (de estilo radicalmente opuesto al actual) o el mismísimo Mark Jackson, que actualmente actúa como analista en los partidos de los Nets de la YES Network junto al legendario Marv Albert (haciendo lo propio durante los pasados Playoff para la ABC) pero no cuenta con experiencia en los banquillos.

Si bien despedir a Lawrence Frank en una temporada en la que las lesiones han sido el principal lastre del equipo sería un golpe bajo, quizá sea momento elegido para empezar cuenta nueva, en el mismo verano en el que Vince Carter puede salir y a las puertas de un relevo generacional y una mudanza a Brooklyn proyectada para 2008.

En su primer año batió el récord de victorias para un entrenador debutante en la NBA (y de cualquiera de las 4 grandes ligas profesionales de Estados Unidos) con 13 triunfos. En el segundo, ganó 14 de los últimos 18 partidos para conseguir el pasaporte a la postemporada. En su tercera temporada, la pasada, estableció el récord de victorias consecutivas de la franquicia con una racha de 14 en el último mes de competición. Este año, primero con balance negativo y con su única referencia interior lesionada, su banquillo es uno de los más calientes de la liga.

La cultura de la victoria sigue su imparable curso.

domingo, abril 08, 2007

Doctor, qué me pasa.

Los últimos partidos de la temporada regular son los que constituyen la delgada linea entre 6 meses de vacaciones y la lucha por el anillo. Pero también son los que se encargan de levantar una muralla en ocasiones inquebrantable: ser o no ser jugador NBA. Como Coco se encargó de enseñarnos hace años, existe una gran diferencia entre estar dentro y estar fuera, y eso es algo de lo que todo jugador de talento entredicho está al tanto.

Es el caso del (últimamente) gran Tarence Kinsey. De acusada complexión débil y brazos interminables, este escolta tiene en la defensa su mayor virtud. Agresivo, hábil e inteligente, sólo su cuerpo le separa de ser un defensor de mayor calado. Y a juzgar por su constitución, éste es un problema que tendrá muy difícil solución. En ataque, el repertorio se reduce a tiros tras bloqueo o libre de marca. De nuevo, su físico le impide ir mucho más lejos en la batalla del uno contra uno.

No hace más de un año, era el gregario de Renaldo Balkman en South Carolina. Ganaba el NIT (el torneo universitario que disputan los equipos que no han entrado entre los 65 elegidos del torneo final de la NCAA) y pasaba de puntillas por el Portsmouth Invitational (formado por selecciones de jugadores de último año en busca de la caridad de un equipo NBA). Ahora, ha pasado de ser el chico de los Gatorade a ser uno de los principales baluartes ofensivos de los Grizzlies en la mejor racha de resultados de los de Memphis en toda la temporada (algo fácil, por otra parte).

¿Qué es lo que lleva a un jugador a sufrir tal metamorfosis?

La experiencia nos lleva por el camino de lo que los expertos médicos conocen como "Síndrome de Damien Wilkins". Esta enfermedad tiene su origen en la proximidad del fin de contrato, que sumada a una deficiencia severa de talento impulsa al organismo a actuar de forma descontrolada. Así puede comprobarse en los últimos partidos disputados por los Grizzlies, en los que el balón sufría una circulación de no retorno cuando pasaba por manos del macilento escolta. Sucesivas investigaciones han llevado a pensar que este peligroso síndrome puede ser contagioso, dado que el sospechoso mantuvo contacto directo y prolongado con Jake Tsakalidis, otro foco de infección.

Así pues, puede que durante estas semanas, Tarence Kinsey haya retrasado para un par de años su próximo desembarco en Europa o en ligas menores de los States como un Renaldo Major cualquiera. Lo que sí es cierto es que de continuar disfrutando de minutos la temporada que viene, tendríamos un síntoma claro de que las cosas en Tennessee apenas han mejorado.