domingo, noviembre 19, 2006

El partido de Cuatro. Boston - Portland.

Noche aciaga. De entrada, retransmitir un Boston - Portland empieza a ser sinónimo de que el partido poco podrá dar de sí.

Ambas franquicias se encuentran en un momento de sus "vidas" muy similar. Ambas vivieron hace apenas media década sus últimos destellos de dulzura. Los verdes de la mano del inolvidable Dynamic Duo, los de Oregon con los popularizados Jail Blazers. Tras la luz, las sombras. Los proyectos fueron presa de su fecha de caducidad y comenzaron el proceso en que hoy se ven inmersos. Reconstrucción (si bien en los Celtics, dada la continuidad de su mayor estandarte, Paul Pierce, debería considerarse parcial). Mucho futuro y escaso presente. Hasta 12 jugadores en edad universitaria, 7 llegados desde el instituto. La chavalería llamada a manejar el cotarro cuando la generación del Hip Hop viva los últimos años de su supremacía.

El espectacular momento en el que llegaba Sergio Rodríguez, que parece haberle abierto los ojos (que no el ojo, cuidado) a Nate McMillan, hacía el encuentro algo más tolerable. 16 asistencias y sólo dos pérdidas en los últimos dos partidos le permitieron al Chacho ganarse de calle al respetable de Oregón. Foros enteros solicitando más minutos para ese rookie que días atrás no estaba preparado "to make it in the NBA", una de las frases legendarias cuando se trata de hablar de la adaptación a la NBA de los debutantes. Superar a Dan Dickau en la rotación será una de las tareas más sencillas que se encontrará en su camino, no obstante. Maldita la estampa que hizo que ese día Sergio tuviera su peor partido desde que comenzara la liga. Fuera por el pésimo acierto de sus compañeros de cara a canasta o por la dificultad para encontrarles mejores posiciones, el vendaval de asistencias quedó reducido a nada. Pese al 0 de 6 en tiros que presentó, no es de recibo poner en tela de juicio su selección de tiro. Miró a canasta cuando debía, pero falló jugadas clamorosas. No descubriremos ahora sus carencias en el tiro tampoco. Como anécdota, se convirtió en la víctima del primer tapón que ha colocado Rajon Rondo en su carrera.

Sin duda, la clave del partido estuvo en la extraordinaria defensa a la que tanto el bregador con pinceladas de artista Ryan Gomes, el explosivo Leon Powe y el jovencísimo aunque ya veterano Kendrick Perkins sometieron a Zach Randolph. Pese al maquillaje, Zach encontró constantes problemas para recibir el balón y anotar con la fluidez con la que nos tiene acostumbrados (para algo bueno que ha hecho estos años, habremos de reconocérselo). Sin su máxima referencia en ataque, los Blazers se quedan reducidos a un grupo de jóvenes de poco presente y mucho futuro y un par de "mayores" a vueltas de todo. Esa extraordinaria labor defensiva, junto con el gran acierto exterior de los verdes, primero con Paul Pierce, después con Wally Szczerbiak y rematado con un Delonte West tocado por la varita mágica, terminaron por dinamitar el partido.